Valentino fallece, pero su rojo eterno (con origen español) nunca desaparecerá

Retrato de un joven Valentino, obsesionado ya con el rojo.

Cuando se piensa en la historia de la moda, pocos colores han logrado elevarse a la categoría de mito. Entre ellos, ninguno ha alcanzado la trascendencia del rojo Valentino, un tono carmesí que trasciende lo cromático para convertirse en identidad, narrativa y, sobre todo, legado eterno. El recientemente fallecido Valentino Garavani no solo construyó una de las casas de moda más influyentes del siglo XX, sino que también transformó un color en una declaración universal de elegancia, feminidad y poder. Lo que muchos desconocen es que la génesis de este símbolo eterno se ancla profundamente en una ciudad que, desde mediados del siglo pasado, marcó su sensibilidad estética: Barcelona.

La historia ha sido relatada por el propio diseñador en entrevistas y corroborada por diversas fuentes periodísticas: el origen del rojo Valentino no está en Roma, París o Milán, sino en una noche de ópera en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, a principios de los años 50. Valentino, entonces un joven estudiante de moda en París, viajó a España en una estancia informal y fue invitado a una representación de Carmen, la ópera de Bizet donde la pasión, la sensualidad y el drama –los mismos ingredientes que años más tarde caracterizarían su obra– se materializan sobre el escenario. Allí, en la penumbra elegante del teatro, ocurrió la revelación.

Durante aquella función, Valentino quedó profundamente impresionado por cómo el color rojo dominaba el espacio. Desde los telones y el patio de butacas hasta la vestimenta de muchas invitadas, el carmesí conquistaba la mirada con una potencia visual insólita. Pero fue una mujer concreta, vestida con un imponente terciopelo rojo, quien terminó de grabar ese tono en la memoria del joven modisto. Esa escena, observada desde un palco del Liceu, se convirtió en el punto de partida de su legado estético.

Años más tarde, Valentino recordaría aquel momento con la precisión memorística que le caracterizaba: “Siempre me ha encantado el rojo, desde que tengo memoria, pero lo descubrí y se apoderó de mí después de mi primer viaje a España”, confesó en una entrevista. Esa epifanía, casi cinematográfica, definió para siempre la iconografía de su casa de moda.

Su primer vestido, “La Fiesta”, inspirado en el Liceu de Barcelona

El impacto que tuvo Barcelona en el joven Valentino fue tan profundo que, cuando presentó su primera colección en 1959, incluyó una pieza que marcaría un antes y un después: el vestido “La Fiesta”, confeccionado en tul rojo y convertido en una declaración de intenciones. Esa prenda condensaba todo aquello que había observado en el Liceu: fuerza, sensualidad, pasión, teatralidad y un aura de grandeza solo reservada a los símbolos culturales.

A partir de entonces, el rojo se convirtió en un elemento omnipresente en sus colecciones. No era un tono al azar ni una decisión estética volátil: era un código visual que lo acompañaría durante décadas. Según la propia casa de modas, el rojo Valentino es más que un color: es un valor icónico, un logo no escrito y un principio rector de la marca. Incluso la composición de este rojo tan singular ha sido objeto de análisis: se describe como una mezcla precisa de 100 % magenta, 100 % amarillo y 10 % negro, otorgándole una vibración coral única, inmediatamente reconocible y cargada de sofisticación.

El rojo Valentino no tardó en conquistar las pasarelas y, posteriormente, la cultura popular. Jackie Kennedy, Audrie Hepburn, Anne Hathaway, Zendaya o Jennifer Aniston son solo algunas de las figuras que han inmortalizado el color en alfombras rojas y momentos icónicos. Por ejemplo, Anne Hathaway es una de las embajadoras no oficiales del rojo Valentino, y su vínculo con la casa italiana se ha reforzado a lo largo de los años. En 2025, durante una gala en Nueva York donde entregó un premio a Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti, la actriz volvió a elegir un vestido rojo Valentino de archivo, un diseño icónico que, según la crónica del evento, forma parte del legado cromático que la marca ha consolidado como símbolo de glamour y sofisticación en la alfombra roja. Su elección reafirmó el carácter legendario del tono y la devoción de la estrella por este color que “acapara los flashes” y encarna la estética atemporal del diseñador.

La supermodelo Naomi Campbell, una de las predilectas de Valentino

Valentino y su rojo eterno también ha sido una de las firmas predilectas para las modelos más destacadas de los últimos años. Por ejemplo, Karolina Kurkova fue la que presentó originalmente, en la pasarela de alta costura otoño‑invierno 2003/2004, ese vestido vintage que Anne Hathaway lució en 2025. Anteriormente a la supermodelo checa, otro mito de las pasarelas, la británica Naomi Campbell, había desfilado para Valentino en múltiples ocasiones, incluyendo pases clave de finales de los 90 y principios de los 2000. Una de las imágenes más recordadas la muestra junto a Valentino Garavani y otras modelos en una colección de 1999, un periodo en que el rojo Valentino era ya un sello inequívoco de la casa. La presencia de Campbell, una de las modelos más influyentes de la historia, reforzó la asociación del rojo con poder, elegancia y magnetismo escénico.

Con el paso de los años, el rojo se convirtió también en una especie de talismán personal para Valentino. Tal y como relata su estrecho colaborador Giancarlo Giammetti, muchas de las decisiones estéticas del genio italiano —y, entre ellas, la elección del rojo como sello inalterable— estaban atravesadas por un profundo componente ritual. Giammetti explicaba que el diseñador mantenía una serie de supersticiones personales que terminaban convirtiéndose en símbolos, y pocas fueron tan poderosas como su vínculo emocional con el rojo. Según él, Valentino no solo consideraba este color un elemento estético, sino una especie de talismán creativo, un amuleto que acompañaba cada colección, cada desfile y cada etapa de su vida profesional.

Ese componente supersticioso explica por qué, aun cuando el modisto experimentaba con paletas más sobrias o colecciones enteras donde el rojo desaparecía temporalmente, el color siempre regresaba a su universo creativo con fuerza renovada. Para Giammetti, la persistencia del rojo no respondía únicamente a su potencia visual o a su capacidad de iluminar a quien lo vestía, sino a algo más íntimo: era una seña de identidad insustituible, casi una extensión de la personalidad del propio Valentino. En palabras del entorno del diseñador, ese rojo era un recordatorio constante de su inspiración fundacional, un color que lo conectaba con sus raíces, con su visión y con la promesa estética que había definido desde sus primeros años.

Un rojo tan personal que forma parte del Pantone Color Institute

El tono alcanzó tal relevancia que fue registrado como distintivo propio dentro del universo de la alta costura y el hito definitivo en su consagración llegó cuando el Pantone Color Institute lo incorporó oficialmente a su paleta global, un gesto reservado únicamente a colores que alcanzan relevancia cultural, estética y comercial sostenida. Este reconocimiento certifica la singularidad del tono y garantiza su preservación dentro del lenguaje visual contemporáneo, asegurando que su composición y matiz permanezcan inalterables para futuras generaciones de diseñadores y creadores.

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